ARMINIANISMO vs. CALVINISMO
Adaptado y traducido al castellano
por Hugo Diez, Jr., del libro
“The five Points of Calvinism”
de Steele, Thomas & Quinn

-- LOS 5 PUNTOS DEL ARMINIANISMO --
-- LOS 5 PUNTOS DEL CALVINISMO --
(1)   LIBRE ALBEDRIO O HABILIDAD HUMANA
(1)   DEPRAVACION TOAL O INHABILIDAD TOTAL

Punto # 1: “Dios, por un eterno e inmutable propósito (decreto) en Jesucristo su Hijo, antes de la fundación del mundo, había determinado salvar, de la raza caída y pecaminosa de los hombres, en Cristo, por causa de Cristo y a través de Cristo a aquellos quienes, a través de la gracia del Espíritu Santo, creyeran en este su Hijo Jesús, y perseverasen en la fe, por medio de esta gracia, hasta el fin; y, por otra parte, dejar a los incorregibles e incrédulos en pecado y bajo ira, y condenarlos como separados de Cristo, según la palabra del Evangelio en Juan 3:36: “El que cree en el Hijo tiene vida eterna; y el que no cree en el Hijo no verá la vida, sino que la ira de Dios permanece sobre él”, y también según otros pasajes de la Escritura.”

Aunque la naturaleza humana fue seriamente afectada por la Caída, el hombre no ha sido dejado en un estado de incapacidad espiritual. Dios, por su gracia, le otorga a todo pecador la capacidad de arrepentimiento y fe, pero lo hace de una manera que no interfiera con su libre albedrío. Cada pecador posee una voluntad libre, y su destino eterno depende de cómo la usa. La libertad del hombre consiste en su habilidad de poder escoger el bien sobre el mal en los asuntos espirituales; su voluntad no esta esclavizada a su naturaleza pecaminosa. El pecador tiene el poder para cooperar con el Espíritu de Dios para su regeneración o de resistir la gracia de Dios y perderse. El pecador perdido necesita la asistencia del Espíritu, pero no tiene que ser regenerado por el Espíritu antes de que pueda creer, ya que la fe es un acto del hombre y precede al nuevo nacimiento. La fe es el don del pecador a Dios; es la contribución del hombre a la salvación.

Resumen: Dios decretó salvar a todos los que creyesen y perseverasen en la fe; todos los demás son dejados en pecados y condenación.

Punto # 1: Como resultado de la Caída, el hombre no tiene la capacidad de si mismo para creer en el evangelio para salvación. El pecador está muerto, ciego y sordo a las cosas de Dios; su corazón es engañoso y desesperadamente perverso. Su voluntad no es libre; esta en esclavitud a su naturaleza pecaminosa y mala. Por lo tanto, el no quiere, y en efecto no puede, escoger el bien sobre el mal en la esfera espiritual. Por consiguiente, toma mucho más que la asistencia del Espíritu para traer al pecador a Cristo. Toma la regeneración, por la cual el Espíritu vivifica al pecador y le da una nueva naturaleza. Fe no es algo que el hombre contribuye a la salvación, sino es en si parte del don de salvación de Dios.

Resumen: El hombre está totalmente muerto espiritualmente y no puede hacer ningún bien espiritual (incluyendo creer) que agrada a Dios (incapacidad total). Además posee una naturaleza pecaminosa (corrupción total) y es esclavo del pecado y no desea sino hacer lo que proviene de su naturaleza depravada.

(2)   ELECCION CONDICIONAL
(2)   ELECCION INCONDICIONAL

Punto #2  ” En conformidad con esto, Jesucristo, el Salvador del mundo, murió por todos los hombres y por cada hombre, de modo que ha obtenido para todos ellos, por su muerte en la cruz, redención y el perdón de los pecados; sin embargo, nadie realmente goza de este perdón de los pecados excepto el creyente, según la palabra del Evangelio de Juan 3:16, “De tal manera amó Dios al mundo que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en Él crea no se pierda, mas tenga vida eterna.” Y en la Primera Epístola de Juan, 2:2: “y Él es la propiciación por nuestros pecados; y no sólo por los nuestros, sino por los del mundo entero.”

La elección de Dios de ciertos individuos para salvación antes de la fundación del mundo fue basada en su previsión de que ellos responderían a su llamado. El selecciono solo aquellos que él sabía, que de sí mismos, libremente creerían al evangelio. La elección, por lo tanto, fue determinada por, o condicionada en base a lo que el hombre haría. La fe que Dios previó, y por la cual basó su elección, no fue otorgada al pecador por Dios (no fue creada por el poder regenerador del Espíritu Santo), sino que resultó solo de la voluntad del hombre. Fue dejado del todo al hombre determinar quien creerá y por lo tanto quien sería elegido para salvación. Dios escogió aquellos quienes él sabía, que de sus propios libre albedríos, escogerían a Cristo. Por lo tanto, la elección del pecador por Cristo, no la elección de Dios por el pecador, es la causa primaria de la salvación.

Resumen: Cristo murió por todos los hombres, “de modo que ha obtenido para todos ellos, por su muerte en la cruz, redención y el perdón de los pecados; sin embargo, nadie realmente goza de este perdón de los pecados excepto el creyente” que de su propia voluntad escoge primero a Cristo.

Punto #2 La elección de Dios de ciertos individuos para salvación antes de la fundación del mundo, se basa solamente en su soberana voluntad. Su elección de particulares pecadores no fue basada en ninguna respuesta u obediencia de parte de ellos prevista por Dios, tal como su fe, arrepentimiento, etc. Por el contrario, Dios le da  fe y arrepentimiento a cada persona que el escogió. Estos actos (creer y arrepentirse) son el resultado, no la causa, de la elección de Dios. La elección, por lo tanto, no es determinada por, o condicionada en, ninguna cualidad virtuosa o acto del hombre visto de antemano por Dios. Dios traerá a aquellos a quienes ha elegido soberanamente, a una aceptación voluntaria de Cristo. Por lo tanto, la elección de Dios del pecador, y no la elección de Cristo por el pecador, es la causa primaria y final de la salvación.

(3)   REDENCION UNIVERSAL O EXPIACION GENERAL
(3)   REDENCION PARTICULAR O EXPIACION LIMITADA

Punto #3: “El hombre no tiene por sí mismo gracia salvífica, ni por la energía de su libre voluntad, en la medida en que, en el estado de apostasía y de pecado, no puede de sí y por sí ni pensar, ni desear, ni hacer cosa alguna que sea verdaderamente buena (como lo es eminentemente una fe salvífica); sino que está necesitado de ser nacido de nuevo de Dios en Cristo, a través de su Espíritu Santo, y de ser renovado en entendimiento, inclinación o voluntad, y en todas sus facultades, para que pueda rectamente entender, pensar, desear y efectuar lo que es verdaderamente bueno, según la Palabra de Cristo, Juan 15:5, “Sin mí nada podéis hacer.”

La obra redentora de Cristo hizo posible que todos pudieran ser salvos, pero en realidad no asegura la salvación de nadie. Aunque Cristo murió por todos los hombres sin excepción, solo aquellos que creen en él son salvos. Su muerte capacitó a Dios para poder perdonar a pecadores sobre la condición de que ellos creyeran, sin embargo, su muerte realmente no quitó el pecado de nadie. La redención de Cristo se hace efectiva solo si el hombre escoge aceptarla.

Punto #3: La obra redentora de Cristo fue con la intención de salvar solo a los elegidos y de hecho aseguró la salvación para ellos. La muerte de Cristo fue un sacrificio substitutivo en lugar de ciertos individuos para pagar la penalidad de sus pecados. Además de pagar por los pecados de su pueblo, la redención de Cristo aseguró todo lo necesario para la salvación de sus elegidos, incluyendo la fe que los une a él. El don de la fe es infaliblemente aplicado por el Espíritu Santo a todos aquellos por quienes Cristo murió, garantizando así la salvación de ellos.

(4)   EL ESPIRITU SANTO PUEDE SER EFICAZMENTE RESISTIDO
(4)  EL LLAMADO EFICAZ DEL ESPIRITU O LA GRACIA IRRESISTIBLE

Punto #4: “Esta gracia de Dios es el comienzo, la continuación y la culminación de todo bien, aun hasta el punto de que el mismo hombre regenerado, sin gracia previniente, asistente, despertante, siguiente y cooperativa, ni hará lo bueno ni soportará ninguna tentación al mal; de modo que todas las buenas acciones o movimientos que puedan concebirse deben ser adjudicadas a la gracia de Dios en Cristo. Pero en lo que respecta al modo de operación de esta gracia, no es irresistible, en la medida en que está escrito acerca de muchos, que han resistido al Espíritu Santo, Hechos 7 y en muchos otros lugares.”

El Espíritu Santo llama internamente a todos aquellos quienes son llamados externamente por la invitación del evangelio; El hace todo lo que puede para traer a todo pecador a la salvación. Pero en la medida que el hombre es libre, él puede con éxito resistir el llamado del Espíritu. El Espíritu no puede regenerar al pecador hasta que este cree; la fe (la cual es la contribución del hombre) precede y hace posible el nuevo nacimiento. Por lo tanto, el libre albedrío del hombre limita al Espíritu en la aplicación de la obra salvadora de Cristo. El Espíritu Santo solo puede atraer a Cristo aquellos que le permiten hacerlo. No es hasta que el pecador responda positivamente, que el Espíritu puede darle vida. La gracia de Dios, por lo tanto, no es invencible; puede ser y frecuentemente es resistida y frustrada por el hombre.

Resumen: Sin la operación de la gracia previniente el hombre no puede hacer ningún bien espiritual; esta gracia es dada a todo ser humano; sin embargo, la gracia no es irresistible ya que los hombres han resistido al Espíritu Santo.

Punto #4: Además del llamado externo general a la salvación, que es hecho a todo aquel que oye el evangelio, el Espíritu Santo extiende al elegido un llamado especial interno que inevitablemente los trae a la salvación. El llamado externo (que es hecho a todos sin distinción) puede ser, y frecuentemente es, rechazado. Sin embargo, el llamado interno (el cual se hace solo a los elegidos) no puede ser rechazado; siempre resulta en conversión. Por medio de este llamado especial, el Espíritu atrae irresistiblemente a pecadores a Cristo. El Espíritu no está limitado, en su obra de aplicar la salvación, por la voluntad del hombre, ni es dependiente de la cooperación del hombre para su éxito. Por su gracia, el Espíritu causa al pecador elegido que crea, se arrepienta y que venga de su propia libre y deseosa voluntad a Cristo.

La gracia de Dios es, por lo tanto, invencible; nunca deja de resultar en la salvación de aquellos a quienes es extendida.

(5)   CAER DE LA GRACIA
(5)  LA PERSEVERANCIA DE LOS SANTOS

Punto #5: “Aquellos que son incorporados a Cristo por una fe verdadera, y así se han tornado partícipes de su Espíritu vivificante, tienen por esto capacidad plena para resistir contra Satanás, el pecado, el mundo y su propia carne, y para obtener la victoria; quedando bien entendido que es siempre a través de la gracia asistente del Espíritu Santo; y que Jesucristo los asiste a través de su Espíritu en todas las tentaciones, les extiende su mano, y si sólo ellos están dispuestos para el conflicto, y desean su ayuda; y no están ociosos, les guarda de caer, de modo que ellos no pueden, por argucia o poder alguno de Satanás, ser extraviados o arrebatados de las manos de Cristo, según la Palabra de Cristo, Juan 10:28, “Ninguno las arrebatará de mi mano.” Pero si ellos pueden, por negligencia, abandonar los primeros principios de su vida en Cristo, retornar al presente mundo malo, apartarse de la santa doctrina que se les entregó, perder una buena conciencia, [y] tornarse privados de la gracia, esto debe ser determinado a partir de la Santa Escritura, antes de que nosotros mismos podamos enseñarlo con plena persuasión de nuestras mentes.”

Aquellos que creen y son verdaderamente salvos pueden perder su salvación si fallan en no mantener su fe. No todos los Arminianos han estado de acuerdo en este punto; algunos mantienen que los creyentes están eternamente seguros en Cristo- que una vez que el pecador es regenerado, no puede nunca perderse.

Resumen: Los creyentes participan de la vida eterna y tienen el poder para batallar contra Satanás. Sin embargo, si pueden caer de la gracia y perderse es un asunto que “debe ser determinado a partir de la Santa Escritura, antes de que nosotros mismos podamos enseñarlo con plena persuasión de nuestras mentes”.

Punto #5: Todos los escogidos de Dios, redimidos por Cristo, y dados fe por el Espíritu, están eternamente salvos. Todos ellos son guardados en fe por el poder de Dios todopoderoso, y como consecuencia perseveraran hasta el fin.

DE ACUERDO CON EL ARMINIANISMO
DE ACUERDO CON EL CALVINISMO

La salvación se logra a través de los esfuerzos combinados de Dios (quien toma la iniciativa) y el hombre (que responde), siendo la respuesta del hombre el factor determinativo. Dios ha proveído salvación para todos pero su provisión  se hace efectiva solo para aquellos quienes, de su propio libre albedrío, escogen cooperar con El y aceptar su oferta de gracia. En el momento crucial, la voluntad del hombre juega el papel decisivo; Por lo tanto, el hombre, y no Dios, determina quién va a ser el recibidor del regalo de la salvación.

La salvación es lograda solo por el poder del Dios Trino. El Padre escogió a un pueblo, el Hijo murió por ellos, y el Espíritu Santo hace la obra de Cristo efectiva al traer a los elegidos a la fe y al arrepentimiento y así haciéndolos que obedezcan libre y deseosamente el evangelio. La salvación entera (elección, redención, regeneración) es obra solo de Dios y es solo por su gracia. Por lo tanto, Dios, y no el hombre, determina quiénes van a ser los receptores del don de la salvación.

RECHAZADO POR EL SINODO DE DORT
REAFIRMADO POR EL SINODO DE DORT

Este fue el sistema de pensamiento contenido en los “cinco puntos del Arminianismo” llamado  “La Protesta” (“La Remonstrancia”) (aunque los cinco puntos no fueron organizados originalmente en este orden). Fue sometido por los Arminianos a la Iglesia de Holanda en 1610 para su adopción, pero fue rechazado por el Sínodo de Dortrecht en 1619 sobre la base de que no era conforme a las enseñanzas de las Escrituras.

Este sistema de teología fue reafirmado en 1619 por el Sínodo de Dortrecht como la doctrina de la salvación enseñada en las Santas Escrituras. Este sistema fue en aquel tiempo formulado en “cinco puntos” (en respuesta a los cinco puntos formulados por los Arminianos) que desde entonces se ha conocido como “los cinco puntos del Calvinismo”.